AJENO
Me
asomé a la ventana. Hacía frío, pero no era capaz de notarlo, mi cuerpo estaba
demasiado resentido como para ocuparse de ello. Ahora solo miraba a la nada,
observaba si acaso la huida de los pájaros hacia otros lugares lejanos, donde
no existiera ese frío que yo no percibía aún bien entrado el invierno.
Recordaba cada una de las frases que siempre había pensado
decirle, que hubiese deseado transmitirle, pero no pude, y ahora me lamento,
ahora solo pienso en cómo recuperarme, en cómo convencerme de que yo mismo he
sido el precursor de todo esto. Por eso, no por otra cosa, yo seguía así, solo,
y sin querer tampoco cambiarlo, quería dejarlo de la mano del tiempo.
Justo cuando pensé en olvidar, cuando me dispuse al fin a
deshacerme de todo, volvieron a mi memoria todos esos momentos, en los que yo no hablaba, ni él tampoco, solo nos
decíamos todo sin palabra alguna, sin necesidad de recurrir al vocabulario, sin
realizar ningún movimiento por parte de nuestros labios. Todo ello me hizo parar en seco, volver a
imaginarme su mirada diciéndome eso que tanto me gustaba, y sentir, por un momento,
un alivio de esperanza inútil que me hiciese sobrevivir un tiempo
indeterminado.
Ese tiempo pasó, ya hizo su efecto, y me vi de nuevo asomado
a la ventana, pero ya no había pájaros, ni hojas en los árboles, solo quedaba
yo, extraño al frío del exterior y al cual hoy, extraño.
JoseMlg
29/07/19
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